Jacobo Sabulsky, pediatra, investigador y docente universitario

“ESTAMOS CONDENANDO A LOS CHICOS QUE PASAN HAMBRE”

Jacobo Sabulsky es médico pediatra, docente e investigador de la Escuela de Nutrición de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC. También integra la fundación Clacyd (Córdoba, Lactancia, Alimentación, Crecimiento y Desarrollo).
En el transcurso de una charla con Desafíos Urbanos, el profesional alertó sobre los trastornos en el desarrollo que conlleva una mala alimentación durante la gestación y los dos primeros años de vida.

Jacobo Sabulsky inicia la entrevista con una frase determinante: “Un niño que se gesta con hambre, que crece con hambre, no sólo va a tener problemas de salud por su deficiente sistema inmunológico, sino que va a padecer trastornos en el desarrollo de su inteligencia”. En ese sentido, el especialista aboga por reducir el padecimiento de los niños que viven con la panza vacía: “El hambre –que no es necesariamente sinónimo de desnutrición- es un síntoma y un signo, y hay que considerarlo como tal, porque le produce sufrimiento a esos chicos”.

A Sabulsky, que es médico pediatra, docente e investigador de la Escuela de Nutrición de la Universidad Nacional de Córdoba, le resulta inadmisible que “en un país que produce alimentos para abastecer a 400 millones de habitantes, y que tiene casi 40 millones de pobladores, haya 12 millones de personas que coman mal”. “Es un sistema muy injusto”.

Para él, uno de los problemas centrales es que no hay desde el Estado una preocupación genuina por la pobreza, y advierte que el tiempo perdido es irrecuperable: “Si un niño está mal nutrido durante su gestación y sus dos primeros años de vida, tendrá consecuencias irreversibles en su desarrollo”. “Estamos condenando a estos chicos –sigue diciendo-, porque no sólo sufren el hambre de hoy, el frío de hoy, sino que se les está coartando la posibilidad de desarrollo de sus potencialidades, con lo cual les reducimos enormemente sus chances de progresar”.

“El hambre, la exclusión, el trabajo de baja calificación –y baja remuneración-, el bajo nivel intelectual y otras tantas variables producen un círculo del cual es muy difícil escapar”, sintetiza Sabulsky.

Está claro que los seres humanos tienen semejanzas y diferencias de orden natural, pero hay diferencias que no son naturales sino injustas y evitables: son aquellas que se manifiestan en un contexto de iniquidad, concepto analítico que se refiere a la desigual disponibilidad y distribución de bienes y servicios en la sociedad.
Más que la pobreza, es la iniquidad la que bloquea el desarrollo integral de ciertos grupos humanos; es el fermento de los mayores abismos y de las mayores desigualdades entre los individuos.
(Fragmento de libro “Iniquidad y desarrollo infantil -0 a 2 años-“)

Tan grave como la desnutrición global o déficit ponderal –bajo peso según la edad-, es la desnutrición crónica -talla baja para su edad- que produce un retardo en el crecimiento del niño. Son las víctimas de este tipo de malnutrición quienes, a causa de una alimentación deficiente, se encuentran más vulnerables a las enfermedades infecciosas y sufren mayor riesgo de fallecimiento. Sin embargo, la malnutrición no aparece en la mayoría de las estadísticas como causal de muerte porque por lo general es un factor que origina otros trastornos mortales. Según investigaciones internacionales, la malnutrición está vinculada aproximadamente con la mitad de las defunciones infantiles.

En otro extremo de esta problemática, aparecen los casos de sobrepeso y obesidad, relacionados con los malos hábitos alimentarios instalados desde los primeros años de vida. “En la pobreza, la desnutrición es una manifestación de subalimentación, y la obesidad, de mala alimentación –alimentos de baja calidad y más alto contenido de grasas saturadas y azúcares sin valor nutricional-”, explican los miembros de la Fundación Clacyd (Córdoba, Lactancia, Alimentación, Crecimiento y Desarrollo) en su libro “Iniquidad y desarrollo infantil -0 a 2 años-“, publicado en diciembre de 2002.

La desnutrición oculta
Existen también una serie de carencias específicas de micronutrientes que no presentan síntomas clínicos: la insuficiencia de hierro, que puede derivar en distintos grados de anemia (leve, moderada o severa), la hipovitaminosis A (carencia de Vitamina A) y la hipercorestelonemia. La anemia por deficiencia de hierro constituye la alteración nutricional más frecuente en Argentina y en América latina, ya que afecta a aproximadamente el 50 por ciento de las poblaciones infantiles en los países subdesarrollados.
En este aspecto, Córdoba no es la excepción. Según los datos obtenidos en el año 2000 por la Encuesta de Salud, Nutrición y Desarrollo del Clacyd, el 75 por ciento de los niños de entre 6 y 24 meses estudiados padecía algún tipo de déficit relacionado con el hierro.
La anemia moderada y severa fue la que mostró mayor relación con las condiciones de iniquidad social: en los sectores de nivel socioeconómico menor alcanzó el 22 por ciento, mientras que en los sectores de mayores ingresos, tan sólo el 7 por ciento. “La situación de insuficiencia de hierro fue severa en todos los sectores, pero alcanzó dimensiones de alto riesgo para el desarrollo infantil en las franjas con menores ingresos”, afirma Sabulsky.

Errores clave
“¡Hay bebés de seis meses que toman gaseosas!”, se alarma Sabulsky, y sigue: “Hay leches ´maternizadas´ para los lactantes, como si una leche pudiera contener el espíritu materno… Pero la culpa no es sólo de los padres, sino también de todos los demás, porque no hay políticas de protección, porque desde el Ministerio de Salud no se resistió a la llegada de este tipo de productos, porque hay médicos que en lugar de enseñar a amamantar indican estas leches en polvo, ignorando –por ejemplo- que no poseen la proporción de hierro necesaria”. “Y las nuevas leches, que traen incluso un agregado extra de hierro, tienen precios irrisorios”, apunta el médico, y reitera que nunca una leche artificial reemplazará al alimento que la madre puede darle a su hijo, además de que el vínculo que se establece a través del amamantamiento es único e insustituible, y condiciona el desarrollo afectivo del niño.
La ausencia del Estado, el bombardeo publicitario, el dominio del mercado, la falta de formación-información y de recursos, explican algunos de los principales errores que se cometen con la nutrición de los niños, y de los adultos, explica el pediatra.
Acerca de la leche materna, el médico recuerda las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre lactancia: iniciación inmediata dentro de la primera hora posterior al nacimiento; lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida; alimentación complementaria (a partir del segundo semestre) que sea oportuna, adecuada y segura; y prolongación del amamantamiento hasta los dos años de edad o más, mientras los pequeños reciben alimentación complementaria.

Dieta variada
Sabulsky asegura que la clave de una buena nutrición está en hacer una dieta variada: “Es muy difícil que alguien se fije cada día en las proporciones ideales de cada tipo de alimento, pero si hay una dieta variada, que incluya muchos vegetales, carnes y lácteos, la nutrición va estar bastante completa”.

Entrevista: Laura Giubergia

(Recuadro)

Datos de Córdoba

La fundación Clacyd publicó en 2002 el libro “Iniquidad y desarrollo infantil -0 a 2 años-”, con datos de la ciudad de Córdoba surgidos de un diagnóstico epidemiológico cuanti y cualitativo, realizado por un equipo de profesionales dedicados a la investigación-acción en materia de salud.
Para organizar la información, la población estudiada fue dividida en cinco grupos -que representan el 20 por ciento cada uno- en función de diferentes factores socioeconómicos: NSE (Nivel Socio Económico) 1, NSE 2, NSE 3, NSE 4 y NSE 5, correspondiéndose el último con los sectores con mayores recursos a nivel educativo, sanitario, etc. El primer cuadro muestra el estado nutricional según indicadores antropométricos (relación peso-edad y talla-edad) en los extremos de los grupos en los que fue dividida la población: NSE 1 (más bajo) y NSE 5 (más alto). El segundo, compara el estado nutricional según indicadores bioquímicos (deficiencia en los depósitos de hierro, anemia leve y anemia moderada-severa).

Cuatro 1: Estado nutricional según indicadores antropométricos (hasta el año 2000)

Cuadro 2: Estado nutricional según indicadores bioquímicos (hasta el año 2000)

(Recuadro)

La pobreza según el Indec

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) difundió a mediados de septiembre un informe sobre la evolución de la pobreza y la indigencia en el país, las cuales registran un descenso considerable aunque dudoso. Según el organismo, en Argentina el índice de pobreza se redujo desde el 23,4 por ciento registrado en el primer semestre de 2007 al 17,8 que acusa igual período de 2008, mientras que la indigencia pasó de 5,9 a 5,1 en iguales lapsos.
En tanto, en el Gran Córdoba los números revelan que en la primera mitad de 2007 el 21,7 por ciento de los cordobeses estaban por debajo de la línea de pobreza, mientras que en 2008 el número es de 14,8 por ciento. Ese 14,8 representa a 203.944 personas. A su vez, la indigencia pasó de 4,2 en 2007 al 3,5 en igual período de 2008, englobando así a 48.230 cordobeses bajo esa condición.
El Indec, organismo oficial, calcula la línea de indigencia y la línea de pobreza en función del costo estimado de la canasta básica (una alimentaria y una general) para una familia tipo –matrimonio con dos hijos-. Quienes no alcanzan a cubrir con sus ingresos el valor de la canasta alimentaria, son considerados indigentes y quienes se encuentran por debajo de la canasta básica general, son considerados pobres.
Estos datos son objeto de discusión, ya que el Indec a menudo es cuestionado por su falta de adecuación con la percepción popular acerca de los datos que refleja, lo que motivó que empresas privadas realizaran sus propias estimaciones sobre el costo de la canasta básica.
Según el organismo, a finales de julio la canasta básica general estaba en 975 pesos, mientras que para la consultora Ecolatina el valor real llegaba a los 1.536 pesos. En cuanto a la canasta de alimentos, el Indec anunció que se encontraba en 443 pesos, al tiempo que Ecolatina la valuó en 752.